La frase del título se atribuye al Mariscal Helmuth Carl Bernard von Moltke , un tío bastante listo como para acuñar la frasecita y esperar así a que su jefe, un tal Guillermo, no mandase fusilarlo por si algo salía mal en el frente de Flandes.
Pero al que sus compañeros llamaban "Alte", El Viejo tenía su parte de razón (no confundir con el Sargento Willie Beier, el entrañable personaje de los libros de Sven Hassel y al que todos también conocen como "Viejo").
Uno tiene diseñado un plan de desarrollo o de acción para darle un poco de orden a su progreso en el proceloso píelago del programa de reclutamieno y van las random y otros pequeños detalles y te lo descalabazan todo... aunque en este caso, para bien (en líneas generales).
Me llamo pollo_fantasmagórico y voy a resumir el segundo día de combates en pos de realizar el contrato de reclutamiento.
Moltke, de haber vivido y haber leído mis planes para este asunto del reclutamiento, me habría echado una bronca de tres pares de cojones... porque además de inteligente era un quisquilloso con el tema de los detalles y de haber tenido delante el punto "B" de mis planteamientos, me habría dicho de todo, menos bonito, aunque en mi defensa podría alegar que estaba aguantando el frente mientras se cumplía mi premisa "C". Voy a detallar esto:
El punto A, el económico, dicta que no participarán en la planificación más que cinco carros con el fin de que el gasto económico sea el mínimo en vehículos, reentrenos y equipamientos (aunque eixiten un par de pequeñas salvedades que contemplan el uso de carros premium -obsequios- que ya están en el garaje, pero sólo como contingencias en el caso de que sean absolutamente necesarios). Esos cinco carros son los siguientes:
- T-50-2
- SuperHellcat
- Panzer IIIE -> Panzer IIIJ
- Ke-Ho
- panzer 38t n.A.
Según el punto B, con los tres primeros carros tendría que tener suficiente material como para completar las misiones de "entrenamiento", cuyo final es que te regalan un carro de tier VI que no pensaba aprovechar en ningún momento y que sería un excelente complemento para el punto A. La idea de siempre ha sido pillar el carro de tier VI más caro que hay y acto seguido, venderlo para conseguir la financiación necesaria para equipos y cartillas de entrenamiento con los que dotar a los carros de línea o de colección (según cada caso).
Y el punto C, que implica precisamente a estos carros (Pz IIIE, Pz IIIJ, Ke-Ho y Pz 38t n.A.), señala que ninguno de estos carros saldría a batalla sin haber desarrollado antes sus principales elementos (arma, torreta -si la tiene- y tracciones), tener al menos un comandante capacitado y el equipamiento necesario para ser funcional en las batallas.
Pues bien... Moltke habría leído el punto B y habría dicho:
-Gut, mein herr, pero ha errado en un pequeño detalle. El Pz IIIE no es válido para obtener las últimas misiones de adiestramiento
-Lo sé, Herr GeneralfeldMarschal, pero aún no tenía la experiencia necesaria para desarrollar el Pz IIIJ en toda su plenitud.
Entonces, Moltke se pondría un monóculo, revisaría lo hecho hasta el momento y menearía la cabeza.
-Mein Kleine Obergefreiter, usted no ha prestado atención a todo lo que le han enseñado... lo hace bien, pero se mantiene rígido como una falange griega y eso no siempre es bueno... sea más legión romana, adáptese, reconsidere los aspectos secundarios del plan y adáptelos a la batalla real.

Y entonces, examen de conciencia mediante, el día había comenzado muy bien, con el Pz IIIE rindiendo mucho mejor de lo esperado para tener una tripulación al 75% (excepto el comandante, que anda en dos habilidades y pico), pero, por ejemplo, el T-50-2 se negaba a rendir como debe... cuatro batallas, dos malas, tres derrotas... y una de las malas terminó ganándose... así que hora de hacer caso al bueno de Moltke y adaptar el plan a las circunstancias: "Improvisar, adaptarse, sobrevivir", Axioma de un "colega" de Infantería de Marina, el sargento de artillería Tom Highway (¡hurra!); propósito que le dio otra cara a la jornada, sumado a un golpe de suerte, o mejor dicho, otro motivo por el que Moltke me podría echar otra bronca: Sacar el SuperHellcat hizo que alcanzase otra misión de adiestramiento que me regaló un buen pico de experiencia extra y a la segunda batalla que hice con el benemérito Pz IIIJ, estaba en condiciones de decir que cumplimos el punto C. Tracciones, cañón, torreta y sólo quedaba la radio para llevarlo a élite.
Y al final de la jornada, el Pz IIIJ estaba en estado de élite, rindiendo como él sabe hacer. La tripulación es medio becaria, al 75% excepto el comandante, que lo reclicamos del Pz IIIE, al que licencié con honores, pero sin darle tiempo a demostrar lo que realmente vale.
Batalla a batalla, la jornada se fue desarrollando con creciente desempeño a medida que las reservas personales de experiencia, experiencia libre y créditos fueron poniendo al Pz IIIJ en auténtico orden de batalla y dejando (por fin) al pequeño samurái en el garaje, a falta de forjarle una katana decente para cortarle las pelotas al más pintado.
El resumen de la jornada en números globales es de 30 batallas disputadas, con 17 victorias (56,7%), un beneficio netos en batalla de 190.000 créditos aunque en realidad pasa de largo el medio millón, por la venta de consumibles, el carro de tier VI que te regalan y módulos que estaban en el depósito. Esas treinta batallas me han conseguido 90 puntos, que sumados a los 42 de ayer, nos deja el contrato de reclutamiento en 132, más o menos en la media para 21 días, aunque ya está claro que vamos más a 28 que a veintiuno.
En cuanto esté listo el Ke-Ho, le compro un libro de tripulación a los dos nipones que van dentro del Renault Otsu y los reciclo para el pequeño Samurái, equipo al cacharrito como mandan los Kami y lo sacamos a rodar por ahí.
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